Hay quienes creen en enemigos de carne y hueso que sienten, piensan, comen y duermen como uno, pero que piensan distinto. Yo, por mi parte. Creo en enemigos inexistentes en lo físico, pero indestructibles en lo espiritual. Me explico... creo que el verdadero antagonista está dentro de uno mismo y que su fortaleza se basa en nuestras propias debilidades. Ojo que no me refiero ni a la ética ni tampoco a la moral, ya que ésta entrada no es una reseña de Crimen y castigo, ni nada por el estilo. Las debilidades de las que hablo son emociones, sentimientos, sensaciones y circunstancias que te debilitan, que te desenfocan, y que no te permiten hacer lo que quieres, cuando quieres y como lo quieres. Comprendo que suena un poco paranoico y egocéntrico todo esto, pero bueno, hasta el día de hoy no he conocido a nadie de carne y hueso que me haga sentir débil o inferior. Yo sólo me arrodillo ante Dios, y que así sea.
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Amén!
ResponderEliminarTienes razón, sentirse débil ante alguien de carne y hueso, como tú dices "aunque llegue a existir", es simplemente la falta de fortaleza y de fe en si mismo y concuerdo perfectamente contigo.
=) Te AMo MANO!
Te creo... opino igual... no hay nada más que agregar!
ResponderEliminarte Quiero mongólico! ♥
Es cierto que el enemigo no es físico.. pero es extraño llegar desde ese pensamiento a decir que no me arrodillo ante nadie; Dios nos llama, sobre muchas cosas, a ser humildes, a no tener miedo de ser el más pequeño de los seres.. también puedo arrodillarme ante un hermano, y eso muestra mucha más fortaleza que debilidad si lo hago con amor.
ResponderEliminarPor otra parte, la fe no se tiene en si mismo.. sino en Dios.
Saludos
Calú !
MT 4, 9-10
ResponderEliminarPero ojo que creo que te fuiste por otro lado. La humildad no va en arrodillarse ante otro ser semejante, es un acto de alabanza. Ser humilde puede compararse con actos como el lavado de pies u otros, aunque no va por ahí el fin de la entrada...
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