Cuando conocí a Erasmo él tenía 48 años y toda una vida a cuestas. Ese día el sol pegaba con todo y el calor sencillamente se hacía insoportable. Esa semana lamenté innumerables veces no poder escaparme unos días la playa a descansar. Pero Erasmo sí pudo (aunque no precisamente a la playa) y eso me hace feliz. Se relajó.
El fin de semana antes de que nos conociéramos disfrutó de una refrescante tarde de piscina junto a su familia. Lo pasaron re-bien. Rieron, comieron y hasta jugaron con su perro. Un boxer de dos años que hoy lo llora toda la noche.
Si bien nunca cruzamos palabra alguna, con Erasmo hicimos buenas migas. Conocí a los suyos y lo visité varias veces. Sus hijos me cayeron bien, en especial Viviana porque tiene el mismo nombre que mi hermana. Ahora que pienso en Erasmo, que tengo un poco de tiempo para hacerlo, creo que me hubiera gustado hablar alguna vez con él.

Que triste es cuando uno piensa la frase "demasiado tarde"
ResponderEliminar