Creo que estaba bueno, ya. Si bien mantengo firme mi postura en cuanto a varios temas cuestionables que se viven en este país, siento que, en lo macro, estamos llegando a un punto de inflexión al que se debió llegar hace mucho, mucho tiempo, y que podría tomar ribetes inesperados en una sociedad civil acostumbrada a dejarse pisotear y no defender lo que es suyo.
Comencemos con Hidroaysén. Con la cabeza fría y pensando en que este país necesita desarrollo para superar la pobreza, no me opongo. Pero creo que hay que ir más allá del ambientalismo a medias y del materialismo penca en el que se ha enfocado la discusión... Entre tanta protesta, problema, piedras, bombas molotov y batucadas, se ha desarrollado un fenómeno que no deja de ser interesante. Un fenómeno en que los chilenos finalmente han dicho ¡basta, ya! y puta que estaba bueno...
A mi juicio, Hidroaysén no es más que la punta de un iceberg en la que podría sobrevivir. Sin embargo, este conflicto de la Patagonia no es más que la cumbre de una fuerte violencia que se ha ejercido en contra de los chilenos y que viene desde hace mucho tiempo atrás. Lo bueno, es que hoy tenemos la oportunidad de extirparla de raíz, aunque no sé que tan bien encaminados iremos.
La violencia de la que hablo va más allá de manifestaciones, saqueos, de los ataques maleteros hacia la fuerza pública y esas tonteras que, como periodistas, solemos cubrir. La violencia de la que hablo es cotidiana, es ajena a marchas, no se esconde entre las masas y se da a diario en nuestras vidas. Hablo de la violencia que ejerce el transporte público que alarga nuestros viajes, nos vacía los bolsillos y nos malhumora en las mañanas, hablo de los intereses de bancos que son más altos aquí que en cualquier otro lado, hablo de la violencia de un sistema de salud que mata inocentes, de una educación que obliga al endeudamiento y de una brecha de desigualdad que crece cada año porque los impuestos los paga la gente y no las grandes empresas.
Cuando digo que Hidroaysén es sólo la punta, me refiero a que la lucha debería ser de todos y no de unos pocos. A que la lucha no debería discriminar entre los del sur, los del norte, los ambientalistas o los capitalistas. El asunto nos debería involucrar a todos. El movimiento debería ser de los chilenos, todos por una causa, todos por terminar con las injusticias que se viven en todas las aristas de la sociedad. Siento que sólo así valdría la pena... Si los pingüinos van a pelear separados de los universitarios por una educación digna, si unos pocos se enfrentan ante los intereses de empresas que quieren convertir la naturaleza en producción y si unos pocos deudores habitacionales se cuelgan de los edificios ante miradas impávidas, estamos perdidos… Pero ojo, ¡aun tenemos patria, ciudadanos! ¡defendámosla!

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Ciudadano el que participa, el que no, no tiene voz